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Linfocitos y el sistema inmunológico

sistema inmunologico y virus

La salud es un tema muy importante, pero, para cuidarse, muchas veces es necesario comprender cómo funcionamos por dentro. El ser humano es un compendio de células y moléculas inteligentes capaces de regenerarse y defenderse de amenazas externas. Pero, muchas veces, necesitan ayuda para poder hacer frente a determinadas amenazas, como algunos virus o bacterias. En este artículo trataremos de comprender cómo funciona nuestro sistema inmunológico y trataremos en detalle los linfocitos.

 

1.     ¿Qué es el Sistema Inmunológico?

El sistema inmunológico se podría definir como una barrera natural formada por diferentes células con diversas funciones. Esta barrera es responsable de garantizar la defensa del cuerpo humano y mantenerlo funcionando a salvo de cualquier enfermedad.

El sistema inmunológico del ser humano lucha a diario contra microorganismos invasores. Pero, además, se encarga de la “limpieza” de nuestro organismo. Es decir, se encarga de la eliminación de las células muertas, la renovación de ciertas estructuras, de la aceptación o rechazo de injertos además de ser responsable de la llamada memoria inmunológica. Por otro lado, también se encarga de luchar contra aquellas células anormales que surgen a diario en nuestro organismo como resultado de una mitosis anormal. Este punto es muy importante, ya que, si estas células no se destruyen, podrán dar lugar a tumoraciones.

Las células del sistema inmune están perfectamente organizadas. Casi podríamos hablar de un ejército celular (¿os acordáis de aquella serie mítica “Érase una vez el cuerpo humano”?). En

sistema inmunológico

este “ejército”, cada tipo de célula actuará de acuerdo a su función asignada. Por ejemplo, unas células serán las encargadas de recibir o enviar información, serían los mensajeros del ejército. Otras células se encargarán de atacar o suprimir aquellas “amenazas”, digamos que serían los militares rasos. Por otro lado, tenemos otro batallón celular encargado de matar, de aniquilar, serían como los misiles de combate. Y, finalmente, tenemos aquellas células que producirían sustancias para neutralizar las sustancias nocivas liberadas por el “enemigo”, los neutralizadores aéreos militares.

 

Funciones del Sistema Inmunológico Humano

El sistema inmune del cuerpo humano tiene, principalmente, dos funciones. En primer lugar, es mantener una vigilancia permanente para detectar todo aquello que resulte extraño. Una vez detectado, debe atacarlo, tratar de destruirlo y guardar el encuentro en la memoria inmunológica. ¿Por qué se debe guardar recuerdo? Para poder, así, defenderse de manera rápida y efectiva en caso de que ese mismo enemigo tratase de atacarnos de nuevo.

Por otro lado, el sistema inmunológico se encarga de evitar el desarrollo de células tumorales, así como de eliminar todas aquellas moléculas nocivas originadas en su interior, fruto del envejecimiento, infecciones o traumas.

 

Elementos del sistema inmunológico del ser humano

Dentro de este “ejército celular” del sistema inmunológico, podemos hacer dos distinciones: la inmunidad innata o no específica y la inmunidad adquirida o específica. Hacemos esta división ya que, como adelantamos en la introducción, hay determinadas amenazas que requieren de una ayuda extra para ser combatidas.

Inmunidad Innata o No Específica:

Es la primera en entrar en acción contra la amenaza. Se diría que es la primera línea de defensa de nuestro ejército. La mayoría de las amenazas (a partir de ahora llamadas “patógenos”) pueden controlarse antes de que se produzca una infección declarada.  Dentro de esta inmunidad encontramos las barreras anatómicas (vacunas) y las células defensivas (los linfocitos natural killers, macrófagos, basófilos, eosínfilos y neutrófilos) que veremos más adelante.

Características de la Inmunidad Innata:

La respuesta inmune innata se basa en los diferentes mecanismos necesarios para combatir contra el ataque de los antígenos (o sustancias extrañas) a nuestro organismo. Esta respuesta inmune tiene una serie de características:

  1. Especificidad: Un antígeno no estimula a todos los linfocitos, sino sólo a aquellos cuales tienen una membrana compuesta de receptores que permitan unirse a él.
  2. Memoria Inmunológica: Cuando hemos sido expuestos ante un antígeno, quedan células de memoria que nos ayudarán a recordar qué respuesta deberemos dar si volvemos a toparnos con ese mismo antígeno. De esta forma, la respuesta será muchísimo más rápida. En este punto es donde cobran importancia las vacunas, como veremos más adelante.
  3. Clonalidad: Cuando un linfocito es activado, este se reproduce formando clones celulares. De esta forma, amplificamos la respuesta inmune, amplificando la efectividad.
  4. Regulación: La respuesta inmune del cuerpo humano cuenta con una serie de mecanismos de control. Estos se encargan de regular la propia respuesta inmune, para que no sea excesiva ni, tampoco, se quede escasa.
  5. Diversidad y Dispersión: Dentro de nuestro sistema inmunológico, encontramos diversidad de células defensivas: basófilos, natural killers, etc. Además, estas células se encuentran repartidas por todo nuestro sistema orgánico, garantizando la rápida respuesta ante la amenaza.

 

Inmunidad Adquirida o Específica:

Este tipo de inmunidad es la específica del cuerpo humano y es la más compleja. Esta inmunidad no aparece hasta que el organismo no es atacado por primera vez por microorganismos patógenos. Además, no es inmediata, necesita su tiempo para poder desarrollarse. Aquí encontramos a nuestros amigos los linfocitos T y B.

Características de la Inmunidad Adquirida:

La inmunidad adquirida, dependiendo del tipo de células que necesite para dar respuesta a la amenaza, podremos dividirla en dos clases de inmunidad:

  1. Inmunidad Celular: Es la inmunidad producida por los Linfocitos T. Esta inmunidad actúa contra microorganismos intracelulares. Su modus operandi se basa en reconocer dichos antígenos para mandar una serie de señales y reacciones que hagan frente a la infección.
  2. Inmunidad Humoral: Es la producida por los Linfocitos B. En este caso, los linfocitos lucharán contra los microorganismos extracelulares. Los linfocitos B se encargarán de fabricar anticuerpos (inmunoglobulinas) capaces de neutralizar a los antígenos. Pero, para ello, los linfocitos B han de activarse y transformarse o evolucionar (si, tipo Pokémon) en células plasmáticas y, para ello, necesitan de las señales y reacciones de los linfocitos T.

Infografia 1. Los linfocitos y el sistema inmunologico

 

2.     ¿Qué son los Antígenos?

Los antígenos son moléculas capaces de generar una respuesta inmune. antigenos y virusGeneralmente se trata de proteínas o polisacáridos. Estas moléculas causan la estimulación del sistema inmune, dando lugar a la producción de anticuerpos.

Los antígenos pueden ser extraños, provenir del exterior e, incluso, pueden haberse formado dentro de nuestro organismo. Podríamos resumir que un antígeno es todo aquello que nuestro sistema inmune reconoce como amenaza. Como ejemplos de antígenos tenemos a las bacterias, los virus, proteínas como el polen, células sanguíneas de otro grupo, etc.

Infografía 2. Tipos de antígenos según su origen

 

3.     Antígenos y Anticuerpos

Como sabemos, nuestro sistema inmunológico produce anticuerpos cuando detecta elementos dañinos, llamados antígenos. Como hemos visto, un antígeno es una sustancia ajena al cuerpo (o no) que nuestro sistema inmune reconoce como amenaza.

Los anticuerpos son producidos por nuestro sistema inmune específico, anticuerposconcretamente por los linfocitos B. A modo de resumen, cuando los linfocitos T han detectado el antígeno, mandan señales al linfocito B y este evoluciona en una célula plasmática, produciendo un anticuerpo. Cuando este anticuerpo reconoce un antígeno complementario a él, se une a él, marcándolo para que otras células del sistema inmune lo reconozcan y lo ataquen.

Cuando el anticuerpo se adhiere al antígeno, se forma un complejo antígeno-anticuerpo, el cual será fagocitado por los leucocitos de tipo granulocito.

Infografía 3. Interacción anticuerpo - antígeno

 

¿Cómo es el proceso de la respuesta inmune ante un anticuerpo?

La primera vez que un antígeno entra en nuestro organismo, la respuesta inmune primaria es lenta. Después de que los linfocitos T auxiliares hayan sido estimulados, mandan señales a los linfocitos B. En este momento, los linfocitos B son estimulados, comenzando a reproducirse y evolucionar en células plasmáticas o células B de memoria.

Las células plasmáticas empezarán a producir anticuerpos que neutralizarán al antígeno para el cual han sido creados. Estos anticuerpos son células proteicas o polisacáridos muy efectivos. El problema es que, mientras se producen los anticuerpos, el antígeno también se irá reproduciendo. A medida que el antígeno va ganando terreno en nuestro organismo, iremos sufriendo los síntomas de la enfermedad.

Normalmente, los anticuerpos necesitarán de días (o incluso semanas) para lograr multiplicarse hasta ser suficientes para combatir al antígeno enemigo. Por lo que es posible que necesitemos de ayuda externa para frenar los síntomas: las medicinas.

Una vez eliminado el antígeno del organismo, las células B de memoria recordarán cual fue el antígeno y cómo lo erradicaron. De tal manera que, si el mismo antígeno infectase de nuevo al organismo, estas células B de memoria responderían de forma prácticamente inmediata, produciendo células plasmáticas que, a su vez, producirán anticuerpos de forma instantánea. En este tipo de infecciones, la respuesta es tan eficaz que apenas notamos los síntomas, pudiendo dar lugar a una inmunidad. Es lo que se denomina respuesta inmune secundaria.

 

4.     Los Linfocitos: tipos, funciones y enfermedades relacionadas

Como hemos visto, los linfocitos son elementos esenciales en nuestro sistema inmunológico, pero, ¿qué son, exactamente? Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco o leucocito, los cuales se hayan presentes en la sangre realizando funciones de defensa del cuerpo humano.

Cuando un antígeno, como un virus o un hongo, entra en contacto con nuestro sistema inmune, los linfocitos entran en acción. En ese momento, se forma un grupo grande de linfocitos idénticos, el cual viajará por el torrente sanguíneo hasta detectar los antígenos. En ese momento, se adherirán a las mismas, marcándolas. De tal modo que facilitarán su destrucción por otros linfocitos como los natural killers.

Otro punto importante para nuestros pequeños amigos es su capacidad para recordar: su memoria inmunológica. Los linfocitos son capaces de recordar cómo actuar frente a un antígeno conocido y eliminado anteriormente. Bajo este principio se basa el sistema de vacunaciones. Cuando nos vacunamos, estamos metiendo dentro de nuestro organismo un microorganismo patológico debilitado. Al estar tan débil, nuestro sistema inmune lo reconocerá, lo aniquilará y lo recordará, generando anticuerpos que circularán durante años por nuestro organismo, por si volviera a intentar atacarnos.

 

¿Dónde se forman los linfocitos?

Dependiendo del tipo de linfocito, se formará en un órgano o en otro. Normalmente, los leucocitos se forman en la médula ósea, pero los linfocitos pueden generarse en otros órganos o estructuras de nuestro cuerpo. Su formación no se detiene en el tiempo, están en constante desarrollo y se pueden encontrar, además de en la médula ósea, en los denominados tejidos linfoides: el timo, el bazo, los ganglios linfáticos, las amígdalas, los adenoides y en las placas de Peyer.

 

Valores de linfocitos en nuestro organismo

Lo normal en un adulto es encontrar una media entre los 5.000 y los 10.000 leucocitos por milímetro de sangre. Cuando nacemos, este valor ronda los 20.000 leucocitos por mm. Pero, ¿a qué se debe este decrecimiento? Cuando nacemos, no tenemos desarrolladas las barreras naturales del organismo y, a medida que vamos creciendo y vamos entrando en contacto con antígenos, estas células van generando anticuerpos, fortaleciendo nuestro sistema inmune y desarrollando esas barreras.

Por otro lado, los linfocitos ocupan una concentración de entre 1.500 y 4.000 células por cada mm de sangre. Es decir, entre el 20% y el 30% de nuestros leucocitos son linfocitos. No está mal, ¿eh?

Pero, no debemos pensar que es un valor estático. Este porcentaje es susceptible de variar considerablemente en función de nuestro estado de salud. Por ejemplo, si estamos sufriendo un episodio de estrés o depresión, nuestro porcentaje de linfocitos disminuirá. Al contrario, ante una infección bacteriana, el porcentaje aumentará.

¿Por qué es importante conocer el valor de linfocitos en sangre? Os daré una respuesta sencilla: si tenemos porcentaje de linfocitos en sangre, no tendremos defensas suficientes contra enfermedades peligrosas como el cáncer. Por eso es importante el realizarnos chequeos médicos periódicos que incluyan analíticas de sangre o hemogramas.

 

Morfología de los linfocitos: ¿Cómo son?

Cuando analizamos nuestra sangre a través de un microscopio, deberemos usar coloraciones específicas para poder identificar los linfocitos. Dentro de los leucocitos o glóbulos blancos, los linfocitos presentan un menor tamaño. Por lo general, tienen un diámetro de entre 10 y 12 micrómetros. Además, presentan un núcleo redondo con cromatina condensada y un citoplasma reducido y poco basofilítico.

Dentro de los linfocitos, podemos encontrar diferentes tamaños y morfologías. Por ejemplo, un linfocito pequeño (los linfocitos T y linfocitos B) tienen un tamaño parecido al de un hematíe, cerca de los 7 micrómetros de diámetro. Por otro lado, los linfocitos grandes (los natural killers) tienen un diámetro entre los 12 y los 16 micrómetros, además de tener un citoplasma más abundante y un contorno irregular.

 

Tipos de linfocitos y células defensivas

Existen tres tipos de linfocitos, los linfocitos T, los linfocitos B y las células natural killers (NK) o asesinas naturales. Como hemos visto, los linfocitos son células defensivas capaces de combatir contra todas las moléculas extrañas o antígenos. Un linfocito será específico solamente contra un tipo concreto de antígeno y, cuando ese antígeno es reconocido, el linfocito es estimulado evolucionando a célula combativa.

Linfocitos B

Los linfocitos B también son conocidos como células B y son la principal arma de la respuestaLinfocitos B inmune humoral dentro del sistema inmunitario adaptativo. Este tipo de linfocito tiene dos procesos de maduración totalmente diferentes. El primer se daría en la médula ósea, estando totalmente ajeno a los antígenos. Después, cuando el linfocito B ha sido expuesto al antígeno, se daría la segunda maduración.

La maduración dependiente del antígeno se produce dentro de los ganglios linfáticos inmediatamente después de la estimulación del linfocito B por causa del antígeno. En este punto, el linfocito B evolucionaría a célula combativa y, aquí, deberemos hacer dos diferenciaciones: puede evolucionar en célula plasmática o en célula B de memoria.

Tipos de linfocitos B

Una vez estimulados, los linfocitos B evolucionarán, como bien hemos visto, en dos tipos de células:

Células plasmáticas:

Este tipo de célula es el responsable de producir los anticuerpos capaces de neutralizar al antígeno, uniéndose a él y marcándole. De este modo, facilitarán la tarea a los fagocitos. Estas células mueren al poco tiempo, aunque los anticuerpos permanecerán en nuestro sistema durante más tiempo.

Células B de memoria:

Este tipo de células se forman exclusivamente cuando nos enfrentamos a antígenos nuevos por primera vez. Son esenciales ya que serán las encargadas de recordar al antígeno y el método de eliminación del mismo, facilitando la respuesta rápida ante un segundo ataque del antígeno. Este tipo de células son capaces de permanecer en nuestro organismo durante años, aunque dependerá del tipo de antígeno del que se trate. Por eso es tan importante no olvidar las vacunas recordatorio de algunos antígenos.

 

Funciones de los linfocitos B en el sistema inmunológico

Son principalmente tres:

  1. Producir anticuerpos
  2. Presentar al antígeno neutralizado para ser fagocitado después
  3. Transformarse en células B de memoria para recordar al antígeno

 

Linfocitos T

Los linfocitos T o células T son un tipo deLinfocitos T linfocito que circula por nuestro organismo, velando por nuestra salud. Digamos que serían como una patrulla celular encargada de explorar el organismo en búsqueda de anormalidades celulares e infecciones.

Los linfocitos T reciben su nombre debido a que madurar en el timo, lo cual les caracteriza y diferencia del resto de los linfocitos.

Los linfocitos T son células que defienden al cuerpo, por lo que son las responsables de la llamada inmunidad celular, dentro del sistema inmunológico adquirido.

 

Tipos de Linfocitos T

Tenemos diferentes tipos de linfocitos T, pero, a grandes rasgos, podríamos resumirlos en cuatro grandes grupos:

         Linfocitos T Citotóxicos (CD8+):

Los linfocitos T citotóxicos o células T asesinas son células inteligentes. Estas células son capaces de analizar nuestro cuerpo de una sola visual.  Estas células T asesinas van en búsqueda y captura de células infectadas por antígenos enemigos. ¿Por qué se les llama células T asesinas? Esto es debido a su modus operandi: cuando un T asesino reconoce a un antígeno adherido a una célula del cuerpo, corre hacia ella y la abraza. Pero este abrazo dista mucho de un abrazo cariñoso. Más bien se trata del abrazo de la muerte, ya que, una vez recubiertos la célula y el antígeno, el linfocito T asesino comienza a segregar sustancias químicas tóxicas. De tal modo que mata tanto a la célula infectada como al antígeno.  Esta célula aniquiladora es súper útil a la hora de cazar y destruir células infectadas con gérmenes o células cancerosas.

Linfocitos T Auxiliares (CD4+):

Los linfocitos T Auxiliares o células T Auxiliares son un elemento imprescindible para nuestro sistema inmunitario. Esto es debido a que son los encargados de avisar a los linfocitos B y estimularlos ante el ataque de un antígeno. Pero, ¿cómo lo hacen? Los linfocitos T auxiliares, cuando son activados por un antígeno, comienzan a liberar moléculas químicas llamadas citoquinas. Y, como habréis adivinado, son estas citoquinas las que estimulan a los linfocitos B para comenzar con la respuesta inmune al antígeno. A su vez, debemos saber que los linfocitos T auxiliares pueden clasificarse en diferentes grupos, en función de sus patógenos diana y de sus respuestas. Por ejemplo, tenemos las respuestas Th1, Th2 y Th17.

Linfocitos T Supresores o Reguladores (Treg):

Los linfocitos T reguladores o células T reguladoras también son conocidos como linfocitos T supresores. Su función principal es la de prevenir la activación de las células autoinmunes que destruyen las células en su propio cuerpo. De tal modo que mantiene la homeostasis del sistema, favoreciendo la tolerancia hacia autoantígenos. Aunque no lo creáis, esto tiene un sentido, a pesar de la controversia que pueda generar. Y es que, estas células son súper útiles a la hora de realizar trasplantes o injertos, ya que favorecen su aceptación.

Linfocitos T de Memoria:

Los linfocitos T de memoria son generados tras una infección primaria. Estos linfocitos serán los encargados de mediar la defensa inmunológica en las siguientes infecciones del mismo patógeno. Son los generados tras la vacunación. En una vacuna, normalmente se está inoculando un antígeno débil e inactivo en nuestro organismo, de tal forma que se generan linfocitos T de memoria que vivirán en nuestro cuerpo durante años, asegurándonos la inmunidad ante ese antígeno.

¿En qué se diferencian las células B de memoria de los Linfocitos T de memoria?

Aunque ambas tienen memoria inmunológica y, a priori, puedan parecer iguales, no lo son. Los linfocitos B de memoria son capaces de reconocer directamente a los antígenos, pero los linfocitos T de memoria necesitarán de la presencia de moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad (es decir, de proteínas con dos dominios, de los que uno se unirá al linfocito y, el otro, al antígeno).

Funciones de los Linfocitos T en el sistema inmunológico

Los linfocitos T son esenciales en nuestro sistema inmunológico ya que median en casi todos los aspectos de una respuesta inmune adaptativa. De hecho, una disminución de los linfocitos T en un organismo podría dar lugar a efectos devastadores, como es el ejemplo del VIH o SIDA. Entre sus funciones, podemos destacar:

  1. Patrullar por nuestro organismo en búsqueda de amenazas invasoras.
  2. Destruir las células infectadas por antígenos.
  3. Eliminar células cancerosas.
  4. Estimular y ayudar a otras células que produzcan anticuerpos o ingieran gérmenes.
  5. Recordar los antígenos durante años.

Por otro lado, los linfocitos T también darán respuesta inmune ante un rechazo de un órgano trasplantado, a las enfermedades autoinmunes como la diabetes y a algunas reacciones alérgicas, como la intolerancia a la lactosa.

 

Células Asesinas Naturales o Natural Killers (NK)

Las células asesinas naturales o linfocitos NK pertenecen al sistema inmune innato. Estas células juegan un papel parecido al de los linfocitos T citotóxicos en la respuesta inmune adaptativa. Pero, aunque puedan parecer iguales, no lo son. Una natural killer actuará de manera inmediata frente a una célula afectada por un antígeno. Además, no tiene especificidad ni clonalidad, no necesita activación y no posee memoria inmunológica. Resumiendo, las células Nk tienen la capacidad de reconocer a las células infectadas por los antígenos sin que haya anticuerpos marcándolas y neutralizándolas. Por lo que la reacción es infinitamente más rápida. ¿Entendéis porqué se les llama “asesinas naturales” ahora?

Las células NK se activan gracias a las moléculas citoquinas derivadas de las células macrógafos. Sirven, sobre todo, para contener las infecciones virales al mismo tiempo que la respuesta inmune adaptativa está generando linfocitos T citotóxicos específicos para ese antígeno, para, así, poder eliminar la infección de manera efectiva. Vamos, que ambas células asesinas se complementan  a la perfección, como si hablásemos de patatas y kétchup.

Infografía 4. Diferencias entre linfocitos T y células natural killer

 

Enfermedades y anomalías relacionadas con los Linfocitos

Como hemos visto, los linfocitos son parte esencial dentro de nuestro sistema inmunológico. Tanto para prevenir enfermedades provocadas por antígenos conocidos como para defendernos de antígenos nuevos. Pero, ¿qué pasa si nuestros niveles de linfocitos no son los adecuados? A continuación vamos a ver una serie de enfermedades y anomalías estrechamente relacionadas con nuestros pequeños amigos:

Niveles de Linfocitos Altos: Linfocitosis

Cuando nuestro nivel de linfocitos es más alto de lo que debería, hablamos de linfocitosis. En adultos, se determina cuando el número de linfocitos es mayor a 4.000 por mm de sangre.

Dentro de la linfocitosis, distinguimos entre la absoluta y la relativa:

  • Linfocitosis Absoluta: Cuando aumenta el total de linfocitos en la sangre.
  • Linfocitosis Relativa: Cuando sólo aumenta el porcentaje de linfocitos respecto al número total de leucocitos en sangre.
Síntomas de la Linfocitosis

Los síntomas de la linfocitosis pueden ser generados por infecciones, por trastornos como la leucemia, malestar general, molestias en la garganta, fiebre… En estos procesos, el número de linfocitos aumenta debido a estímulos contra los antígenos.

Causas de la Linfocitosis

La linfocitosis se encuentra especialmente en niños, debida a la ausencia de anticuerpos.  Pero no es en sí una enfermedad, sino que es causado por otro problema o enfermedad. Entre sus causas podemos encontrar:

Infecciones virales agudas: Como la hepatitis o la mononucleosis infecciosa.

Otras infecciones agudas: como la tos ferina, la rubeola o las paperas.

Infecciones por protozoos: como la toxoplasmosis.

Infecciones bacterianas de carácter crónico: como la brucelosis o la tuberculosis.

Cáncer.

Quemaduras solares.

Niveles de Linfocitos Bajos: Linfopenia

Al contrario que con la linfocitosis, la linfopenia es cuando el número de linfocitos es inferior a lo normal. Se suele diagnosticar cuando el número es inferior a los 1.500 linfocitos/mm de sangre.

Dentro de la linfopenia, podemos distinguir dependiendo del tipo de linfocito que escasee en nuestro sistema:

  • Linfopenia T: Como habréis adivinado, se trata de un nivel bajo de linfocitos T. Suele ser causa de la infección por VIH (SIDA).
  • Linfopenia B: En este caso, son los linfocitos B los que escasean en sangre. Suele ser causado por determinados medicamentos que suprimen el sistema inmunológico.
  • Linfopenia NK: El tipo de linfopenia más raro, menos frecuente y es cuando el número de células NK es inferior a lo normal.
Causas de la Linfopenia

Normalmente la linfopenia es causada por una infección viral, como pueda ser el VIH. También es bastante frecuente encontrarla en casos de infecciones bacterianas como la Malaria o por hongos. Y es mucho más frecuente encontrarla en ancianos, al contrario de la linfocitosis.

Otras causas de posibles linfopenias son:

Quimioterapia

Tratamientos prolongados con córticos

Deficiencia en los niveles de Zinc

 

Otras enfermedades relacionadas con los linfocitos

  • Linfomas: también conocido como cáncer de ganglios linfáticos. Puede provocarse debido a un aumento descontrolado de los linfocitos debido a una hiperactividad de los linfocitos B.
  • Esclerosis múltiple: Si bien no tiene nada que ver con los linfocitos en sí, determinados linfocitos T auxiliares pueden empeorar los síntomas de la enfermedad.
  • Diabetes tipo 1: Puede ser provocada por los linfocitos T citotóxicos si llegan a destruir erróneamente las células productoras de insulina.
  • Dermatitis: Las células Th2 y las moléculas citoquinas pueden contribuir con la inflamación crónica de la piel, creando una dermatitis.
  • Alergias y asma: Las citoquinas Th2 producidas por los linfocitos T pueden provocar desequilibrios en las respuestas inmunes a las enfermedades alérgicas, provocando una inflamación continua.

 

¿Cómo podemos aumentar la producción de linfocitos?

Para mejorar la producción de linfocitos en caso de padecer niveles bajos o linfopenia, podemos recurrir a elementos naturales o bien a suplementos medicinales.

  • Elementos naturales que aumentan los niveles de linfocitos: Está comprobado que la ingesta durante un periodo de un mes de extracto de albahaca (ocimum sanctum) mejora los niveles de linfocitos T y citocinas. Por otro lado, tenemos los hongos Reishi, también conocidos como “el hongo de la eterna juventud”. La ingesta de este hongo, además de aportarnos muchos otros beneficios, aumenta la formación de los linfocitos T al cabo del mes. Es una práctica muy habitual en deportistas de élite como futbolistas.
  • Medicinas y suplementos que mejoran los niveles de linfocitos: En general, los elementos antioxidantes ayudan a eliminar toxinas y a proteger nuestros leucocitos o glóbulos blancos. Por ello, la creatina puede ser un potente aliado. Por otro lado, consumir Vitaminas A y D puede ayudarnos a mantener niveles normales de linfocitos. Especialmente la Vitamina D ya que, una deficiencia de ésta puede provo0car enfermedades autoinmunes e infeccionas, disminuyendo nuestros niveles de linfocitos.

 

¿Qué sustancias disminuyen los niveles de linfocitos?

Como hemos visto anteriormente, la ingesta de determinados medicamentos o sustancias puede disminuir nuestros niveles de linfocitos, pudiendo favorecer la aparición de una linfopenia. En resumen, algunas de estas sustancias son:

  • Medicamentos inmunosupresores: La ingesta de este tipo de fármacos conlleva efectos reductores de los niveles de linfocitos T y B en sangre.
  • Esteroides: este tipo de hormonas (los glucocorticoides) paralizan la proliferación de los linfocitos dependiendo de su dosis. En dosis altas pueden disminuir el volumen tanto de linfocitos B como de linfocitos T.
  • La echinacea: esta planta se suele consumir como remedio natural para combatir resfriados, gripes, infecciones… Pero, a la vez, puede contribuir a afectar a los niveles de las citocinas para disminuir la respuesta inflamatoria.
  • La pentoxifilina: Este medicamento anula la activación de los linfocitos T. Este medicamento suele ser indicado en casos graves de hepatitis alcohólica así como para mejorar la circulación sanguínea de las arterias en las extremidades, en pacientes con demencia multiinfarto, infartos cerebrales o con anemia drepanocítica. Por otro lado, se suele recetar en sustitución de los glucocorticoides (esteroides).

 

5.     El deporte y el sistema inmunológico

Siempre hemos escuchado que practicar deporte es beneficioso para nuestra salud. Y nada más lejos de la realidad. A día de hoy conocemos diversos estudios científicos que afirman que realizar ejercicios aeróbicos puede aumentar la creación de anticuerpos naturales. Lo cual es genial para ralentizar la progresión de enfermedades como el VIH.

Por otro lado, sabemos que, dependiendo del nivel de deporte que practiquemos, nuestros niveles de linfocitos en sangre serán más altos o menos. Hablamos de deportistas profesionales con altos niveles de ejercicio físico. Por ejemplo, un ejercicio fuerte realizado en el corto plazo puede aumentar la producción de algunos tipos de linfocitos T y las natural killers. Pero, después de un ejercicio intenso de más de una hora, estas células disminuyen en número. Esto es debido a que, después de un ejercicio intenso y largo, los linfocitos son suprimidos, al igual que sus funciones.

 

6.     Conclusiones

Como hemos visto, los linfocitos son parte esencial para el correcto funcionamiento de nuestro sistema inmunológico. Tanto para la defensa ante antígenos externos como para la regulación de nuestro sistema. Los linfocitos interactuarán dentro del conjunto de glóbulos blancos y moléculas como la citoquina para poder reconocer a todo aquel agente invasor que pretenda atacar nuestra salud. Una vez reconocido el antígeno que nos amenaza, nuestro sistema podrá defenderse de él, velando por la integridad de las células del sistema y la homeostasis.

Entre sus funciones debemos destacar su memoria inmunológica, principio en el que se basa el sistema de vacunas. Los linfocitos serán capaces de recordar esos antígenos externos y sabrán cómo combatirlos, dando lugar a inmunidades.

Por lo tanto, los glóbulos blancos y, en concreto, los linfocitos, son esenciales para nuestra salud ya que, sin ellos, seríamos totalmente vulnerables ante infecciones y enfermedades. Por lo tanto, debemos cuidar y fortalecer nuestro sistema inmunológico, deberemos cuidar nuestra alimentación, realizar actividades físicas y realizarnos chequeos médicos regulares.

Informacion del Autor

Maria Romero

Redactora de contenidos desde el 2011. Un apasionada de la información. Desde mi punto de vista las noticias actuales a nivel nacional e internacional estan variando contanstemente por los acontecimientos mundiales. Desde lavozdemarbella intentando aportar un punto de vista diferente a las noticias acontecidas de estos ultimos tiempos.

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