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Para que jamas se repita

El horror de la guerra ya fue…1936. Hoy no queremos ni odio ni venganza, pero sí dejar testimonios como el de Mª Francisca, hija de un muerto por “heridas de arma de fuego”. Para que estas locuras jamás se repitan. La verdadera lucha por la vida de Mª Francisca empezó cuando apenas tenía unos meses; el 16 de octubre de 1936. Ese año, en La Rioja, región donde apenas se notó la guerra, según cuentan muchos, alrededor de 2.000 personas fueron fusiladas. Entre ellas un concejal socialista de un pequeño pueblo de La Rioja Alta; el padre de nuestra protagonista. Badarán es un pequeño pueblo cercano a la cuna del castellano. Allí nació Mª Francisca, en el seno de una familia trabajadora que poseía una fábrica de lejías y un hogar. Pero, en aquel momento algo les cambió la vida; unas ideas políticas que alejaron a la familia de La Rioja durante más de 20 años.

El padre de Mª Francisca era concejal socialista en el ayuntamiento de Badarán. En aquel entonces resultaba una opción arriesgada y un día de otoño, el rojizo de los árboles de la sierra se mezcló con el rojo de la sangre de aquellos que fueron fusilados y olvidados como se olvida el frío del invierno cuando llega la primavera. La madre de Mª Francisca se vio entonces en una situación difícil para la época y para cualquier mujer. Sola, con tres hijas pequeñas y despojada de todo aquello por lo que habían luchado tanto. Los mismos vecinos fueron los que denunciaron al padre de Mª Francisca aunque luego nadie se quiso quedar con ninguna de las propiedades que se sacaron a subasta pública y que les fueron arrebatadas tan injustamente.

Así que simplemente con la fuerza que le dieron sus tres hijas, la madre de Mª Francisca tomó una decisión que cambiaría sus vidas para siempre; marcharse a Barcelona a trabajar, a sacar adelante a su familia y sobre todo a olvidar. Fue el olvido y el esfuerzo tremendo de una madre rota por el dolor de la guerra y de la injusta pérdida, lo que consiguió que Mª Francisca y sus hermanas tuviesen una infancia feliz aunque con una ausencia de la que nunca se hablaba en casa. Fue una madre luchadora y de alguna manera exiliada de su tierra, que luchó y trabajó para que a sus hijas no les faltase de nada. Pero sobre todo, para que tuviesen una buena educación.

Gracias a este esfuerzo Mª Francisca pudo estudiar en los mejores colegios de la ciudad y esto le dio la oportunidad, desde jovencita, de poder rodearse de la élite de la época, que además de no hacer diferencia entre clases ni condiciones, le dio la oportunidad de aprender tanto académicamente como personalmente, convirtiéndose en una señorita educada, deportista y trabajadora. Pero sobre todo comenzó a ser toda una mujer independiente que sin duda tenía muy claras sus propias ideas. Pero la vida…¡ay la vida!, nunca se sabe lo que nos depara y en plena juventud, en el corazón de la ciudad condal, Mª Francisca conoció el amor.

La guerra les llevó a Barcelona y sería el amor lo que haría que Mª Francisca volviese a sus raíces, a la tierra con nombre de vino, a Logroño. Una afición, la radiocomunicación, hizo que dos riojanos se conociesen en la plaza Cataluña de Barcelona y que nunca más se separaran. Cuando Mª Francisca volvió a su tierra sin embargo, se encontró una ciudad que distaba mucho de la Barcelona de la época. Las chicas no llevaban pantalones, no tenían apenas cultura, se dedicaban sólo y exclusivamente a sus casas….y esto desde luego no era a lo que Mª Francisca estaba acostumbrada. Sin embargo en lugar de acomodarse o intentar regresar a la Barcelona que le había dado todo lo que tenía, se quedó y comenzó su lucha para que todas las mujeres logroñesas y riojanas, fuese cual fuese su condición, tuviesen cada vez más derechos.

Quien sabe, tal vez la casualidad, tal vez la fuerza de ese padre fusilado simplemente por una idea hizo que Mª Francisca haya dedicado su vida, además de a su familia, a mejorar la condición de los más desfavorecidos. Porque la palabra y las buenas acciones son la mejor forma de luchar por una idea, por una ilusión, por una vida y por todas esas vidas que tan injustamente se quedaron en tantas cunetas, fosas y campos. Con su esfuerzo y su valentía Mª Francisca fue la primera mujer concejal de Logroño y fundadora de la Asociación de Amas de Casa de Logroño. Todavía hoy sigue ayudando a los que menos recursos tienen.

Con los años, descubrió que su padre podría estar en una fosa común llamada La Barranca y junto con el resto de familias ha conseguido que no se pierda la memoria de todos aquellos hombres y mujeres cuyo único delito fue creer en un mundo mejor. Si Mª Francisca hubiese nacido 20 años antes del 36, seguramente la hubiesen fusilado. Por suerte la historia no siempre se olvida y eso hace que personas como ella hayan construido un Estado como en el que ahora tenemos la suerte de vivir. Nunca una muerte, nunca una idea es en vano

Informacion del Autor

Alberto Montalvo

Alberto Montalvo, periodista especializado en diferentes áreas, le encanta escribir en un medio digital referente en Marbella. Es la voz del pueblo y las noticias actuales.

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