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Horizontes de grandeza

A Elicio la vida no se le había presentado nada fácil, más bien sería una vida llena de dificultades; pero eso sí, siempre llena del amor de quienes le rodeaban, y una gran fuerza interior para luchar por todo lo que se había propuesto. Sus padres se dedicaban a las labores del campo y del hogar, querían lo mejor para él, algo más que la vida en un pueblo de Soria, con la plaza del ayuntamiento donde se reunían cada domingo para bailar gracias a los instrumentos de cuerda que los jóvenes del pueblo tocaban. Había vida familiar debido a la sociedad existente, escasa de comunicación y sin tantas tecnologías como tenemos hoy en día.

Aún sin éstas, Elicio considera su infancia única y no la cambiaría por nada del mundo. Pero esta historia, obviamente, no termina aquí; a los 14 años apareció la luz eléctrica lo que supuso un gran cambio ya que anteriormente usaban candiles de aceite para el alumbrado. El problema era que el verdadero protagonista de este relato no veía futuro en el pueblo, por lo que decidió emprender su camino a Talavera de la Reina, donde hacían unos cursos de capacitación agraria de los que se enteró gracias a unos folletos informativos. Por tanto, fue hacia allí un 20 de marzo con tres cosas: una maleta con la ropa que su dulce madre le proporcionó, su enciclopedia que le serviría durante toda su vida, y la cosa más importante de todas: un saco lleno de ilusión que aún hoy en día le dura. Emprendió el trayecto por la cañada Real a lomos de una yegua con su padre; fue su primer viaje de trashumante.

Al coronar el altozano más elevado del recorrido dirigió su vista al fondo del espacio y contemplando su inmensidad afloró una sonrisa en sus labios y en el silencio, por lo bajito escuchó una delicada voz que le decía: ¡Adelante, nunca desfallezcas porque ya has comenzado a recorrer el camino de tus sueños en busca de los horizontes de grandeza!, y escuchando los consejos de su querido e inolvidable padre llegaron a la estación. Se despidieron con un tierno abrazo. Inició su primer viaje en tren, rumbo a lo desconocido empujado por su único apoyo posible, la ilusión y la esperanza de encontrar un futuro prometedor. Así llegó a la estación de Delicias con su tez morena, maleta al hombro y su ropa pueblerina para tomar el tren que le llevaría a su destino.

Temprano, fue en busca de la granja escuela donde les hicieron un examen de ingreso. Al publicar la lista con los aprobados el corazón le dio un vuelco al leerse ahí, citándole a las cuatro para darle a conocer las condiciones y propuestas de los cursos. La permanencia en la escuela era con carácter de internado; los estudios lo formaban dos cursos (18 meses). Al finalizar a los aprobados se les dio el título de capataz agrícola con el que podían opositar al servicio de extensión agraria, aunque no le fue posible por su estatura. Se incorporó al servicio militar obligatorio; aprobando los cursos de conductor, cabo 2º y cabo 1º.

Para hacer el de sargento tenía que esperar siete años, lo que suponía demasiada espera, por lo que se licenció. Pensó y pensó hasta que decidió ir hacia el norte, con sus dos compañeras, maleta y enciclopedia, destino a Baracaldo con una única intención: encontrar trabajo Lo encontró en la construcción además de ir a un garaje por horas. A las tres semanas se quedó fijo en el garaje porque su preferencia era la mecánica. Todo funcionaba perfectamente hasta que se implantó el plan Ullastres, que supuso una grave crisis laboral, por la que se quedó sin trabajo. El señor Manzanos, socio del garaje, un muy buen hombre por diferentes acciones que hizo por sus empleados, traspasó un negocio de transportes y reparto de mercancías. ¿Qué problema suponía? El dichoso camión con el que se desplazaban por Bilbao y su ría.

La documentación caducada, un camión viejecito hecho polvo, ¿algo podía ir peor? ¡Pues sí! Tenían que estar pendientes de la policía ya que cada vez que les paraban habían de pagar. Aún con todas las pésimas situaciones vividas, la ilusión se mantenía en el corazón de Elicio, por lo que buscó otro más rentable. Otros de sus destinos laborales fueron: peón, mozo de almacén, siguió echando solicitudes en las principales fábricas de la zona pero no consiguió acceder porque no tenía contactos; un garaje nuevamente, él soñaba con el taller de reparaciones, pero éste jamás llegó, sintiéndose frustrado. En aquella época surgieron nuevos cursos, por lo que recurrió nuevamente a su fiel compañera de viaje: su querida y apreciadísima enciclopedia, que aún hoy en día la utiliza. Escogió el curso de tornero, teniendo que compaginar trabajo con estudios; tuvo dificultades en el trabajo pero nuevamente oyó la bajita y suave voz diciéndole: ¡adelante, no desfallezcas!

De tornero trabajó cinco años en Euskalduna, hasta que entró a trabajar en el Banco Vizcaya, cambiando el buzo por la camisa blanca. Apoyándose en su enciclopedia logró ingresar en dicho banco, habiendo pasado antes por la vicaría. Con motivo de la fusión del Vizcaya y el Bilbao hubo prejubilaciones; en su caso fue un despido pactado. Tenía 60 años, lo que supuso dos años en paro de brazos caídos por no ser ni trabajador ni jubilado; inquietud, reflexión y espera describían ese momento. Al jubilarse siguió adelante: Imserso, UDP y Esperanza, para viajes culturales; y Hogar de Personas mayores de Manzanera para actividades (gimnasia, informática, etc.) y especialmente pintura al óleo hasta llegar a promover y participar en el 2006 en una exposición colectiva y en el 2008 otra.

En breve nos deleitará con una individual. ¿Cuándo será? ¡El próximo otoño! Ahora, contemplando su vieja maleta, su traje de buzo, su camisa blanca, su inseparable enciclopedia y bellas artes va comprobando como se van cumpliendo aquellos lejanos sueños de sus horizontes de grandeza.

Elicio concibe la vida como un todo del que tienes que escoger constantemente sus partes. Se trata de ir abriendo puertas, la que tú más oportuna veas y luchar con las consecuencias que esta conlleva. Consiste en afrontar todos los problemas que te vienen de cara como si de ráfagas de aire se tratara, y, aunque te despeines -que se puede dar el caso- volverte a peinar, ya que es la ilusión y la esperanza de tener una buena vida y un futuro prometedor la que te impulsa internamente hacia delante.

Son las ganas de pensar que puedes darlo todo de ti, las ganas de querer ser alguien importante con un buen currículo, haciendo algo realmente motivador para ti mismo las que hacen que no te hundas, sino que cada vez que una puerta se te cierra en la cara piensas en que quizás la siguiente a la que acudas te recibirán con una sonrisa de oreja a oreja y que realmente serás allí feliz. Hoy en día son sus interesantes lienzos, los que él pinta haciendo salir de su interior la inquietud y las ganas de vivir que realmente ha encontrado y con los que se pasa infinitas horas pensando cómo quedará la exposición con sus cuadros cosa que jamás anteriormente habría llegado a imaginar.

Informacion del Autor

Alberto Montalvo

Alberto Montalvo, periodista especializado en diferentes áreas, le encanta escribir en un medio digital referente en Marbella. Es la voz del pueblo y las noticias actuales.

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