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Agua, nieve y mar

Han pasado ya unos días desde mi última conversación con Juan Antonio. Paseo en soledad por la orilla del mar en la cosmopolita Barcelona. Es casi medianoche. Pienso en Juan Antonio y en su historia protagonizada por su pala y la nieve. ¿Por qué? Yo mismo me lo planteo y llego a la conclusión que el sonido de las olas al llegar a la playa han despertado en mí un sentimiento hacia la poderosa naturaleza. Miro a las olas, iluminadas por una majestuosa luna llena. Miro un poco más allá y veo, con el permiso de algún carguero y un crucero iluminado, el horizonte marino, la inmensidad del mar… ¿Y qué tiene que ver este mar casi en calma barcelonés con la historia de Juan Antonio, protagonizada por una noche de tormenta y nieve en la sierra riojana? Seguramente una cosa lo permanente de la naturaleza y lo caduco del ser humano. Me explicaré. Juan Antonio me relata su historia como si hubiera ocurrido hace unos pocos días. Es un hombre muy agradable, abierto y muy preocupado de tener la cabeza y su agenda ocupadas, algo que es de halagar. Me cuenta con gran ímpetu su historia, la que él ha elegido para participar en este proyecto intergeneracional.

Corre el año 1978. Juan Antonio se apunta a un cursillo de cristiandad que se va a celebrar en una localidad riojana durante un fin de semana. Casualmente la localidad elegida es la misma en la que Juan Antonio había estado trabajando durante aquella semana, Santurde. Juan Antonio por aquel entonces llevaba una pala excavadora y trabajaba para Obras Públicas en la construcción de carreteras y mejora de las ya existentes. Juan Antonio recuerda que aquel viernes fue un día horrible, pasado por agua. La combinación de agua y bajas temperaturas provocaron lo que los más jóvenes nunca hemos vivido en nuestra región: una cuajada de más de un metro de altura. Así que, como no podía ser de otra forma, Juan Antonio, seguramente el más manitas del grupo, fue avisado por la madre superiora para intentar arreglar la calefacción. O mejor dicho fue despertado porque hablamos de las cuatro de la mañana ya de aquel sábado de un largo fin de semana que se le presentaba a Juan Antonio por delante. Tras arreglar la avería comenzaba una dura jornada para nuestro protagonista. Tuvo que llegar hasta donde tenía la pala aparcada para comenzar una larga jornada laboral por mandato de Obras Públicas. Así comenzaba un fin de semana quitando nieve con la pala de una serie de localidades de la Rioja Alta y de la sierra riojana: Santurde, Santo Domingo de la Calzada, Nájera, Baños de Río Tobía, Mansilla… Todo ello durante 35 horas de trabajo seguidas. 35 horas sin dormir y aderezadas por unos cuantos cafés, orujos, farias, consumidos en diferentes ventas de la zona: venta de Goyo, venta Macario, aunque en otras ocasiones los propios aldeanos regalaban estos productos al bueno de Juan Antonio, y también a los guardias civiles que le acompañaban en su periplo.

El trabajo era monótono. Juan Antonio quitaba nieve de la calzada, de los caminos… y todo a una velocidad mínima, lo que en la práctica significa que un trayecto de una hora, a él aquel fin de semana le costó 35 horas de conducción. Sin embargo, Juan Antonio nunca se quejó en aquel tiempo ya que sabía que su trabajo era duro pero tenía una repercusión en gran cantidad de gente. ¡Eras un verdadero héroe anónimo!, le dije a lo que el de forma humilde me contestó que únicamente realizaba su trabajo. Él a lo largo de su vida laboral ha ayudado a mucha gente y lo sabe. Seguramente muchos de sus vecinos lo saben pero otros nunca llegarán a conocer a aquel que les permitía tener una normalidad incluso acechando verdaderos temporales. Aquel fin de semana, de hecho, parecía que su periplo acababa en venta de Goyo, pero no… El comandante de la Guardia Civil de Haro le pidió que continuara su camino quitando nieve hasta Mansilla donde había un herido en una pierna que necesitaba ayuda urgente. Dicho y hecho.

Llegaron a Mansilla y cual fue la sorpresa de Juan Antonio cuando el herido se negaba a bajar con ellos hasta que llegase la ambulancia. Ante esto el capitán fue claro en su discurso: a cuantos por menos les habría pegado un tiro. Lo que hizo que el herido se levantase rápidamente para ser trasladado en la pala hasta la carretera por donde ya subía la ambulancia… Creo que nuestro protagonista fue un verdadero héroe. Quizás no uno de esos que protagonizan películas o llevan capas y protagonizan cómics, pero sí un héroe anónimo, que quizás sean los auténticos héroes.

Juan Antonio me cuenta su historia desde la humildad pero creo que él es suficientemente consciente del trabajo que llevó a cabo aquel fin de semana y como aquellos días en tantos otros… Era él, un hombre, un único hombre enfrentado a la naturaleza en estado puro. El hombre contra el agua, contra la nieve, contra la naturaleza en estado puro. Por eso quizás me haya venido a la mente hoy la historia de Juan Antonio. Al ser testigo de una naturaleza puramente inmensa. Inmensamente pura. Soy yo en este caso enfrentado al mar. Han pasado 39 años y parece como si el mar me quisiera decir que esa historia ya la conoce. Que no hace falta que se la cuente. Que quizás el agua que ahora choca contra la arena fue la misma que Juan Antonio retiró hace más de tres décadas. Es lo que quiero creer. El mar me aguanta la mirada y yo finalmente la bajo. Ha ganado la partida.

Él es inmenso e invencible a diferencia del ser humano. Al menos, nosotros podremos contar historias. Es lo que nos queda. Contar historias sobre él, sobre nosotros, sobre la naturaleza, sobre héroes, sobre Juan Antonio, sobre su pala y la nieve.

LO IMPORTANTE DE LA VIDA

Este proyecto y las diversas conversaciones con Diego me han permitido recordar tiempos pasados, buscar en los lejanos recuerdos, rebuscar en los cajones de la memoria. Y de ahí la historia que relata Diego sucedida cuando él todavía no había nacido, hace ahora 31 años, en aquel importante 1978. El tiempo pasa. Pasa y no podemos hacer otra cosa sino agradecer que somos testigos de su transcurso. Las historias que me contaban a mí, ahora las cuento yo y dentro de unas décadas serán otros las que las cuenten. Hay elementos que no cambian, que permanecen y tras las conversaciones con Diego creo que los dos somos muy conscientes de este hecho.

En aquella jornada de 1978 no hice nada que se saliera de mi rutina. Si acaso trabajar con mi herramienta de trabajo en fin de semana y no en un día laboral. Pero la coyuntura así lo marcó. Me levanté a las cuatro de la mañana del sábado y no paré hasta las tres de la tarde del domingo. Total: 35 horas sin parar. Una burrada más de las que he hecho a lo largo de mi vida laboral de 44 años. Pero como yo no me canso de afirmar, siempre las he hecho con alegría. Eso ha sido lo que siempre ha motivado mi trabajo. Mi lema durante toda mi vida ha sido y será: “haz el bien y no mires a quién”. ¿Se me puede considerar un héroe por lo sucedido aquel fin de semana? Sinceramente no lo creo. Siempre he sido humilde ya que en la humildad y la solidaridad creo que se deben basar los cimientos de nuestra sociedad. Ni siquiera soy un héroe anónimo como le gusta decir a Diego. Simplemente hice, como siempre intenté, lo que mi corazón me pedía… ayudar.

Informacion del Autor

Alberto Montalvo

Alberto Montalvo, periodista especializado en diferentes áreas, le encanta escribir en un medio digital referente en Marbella. Es la voz del pueblo y las noticias actuales.

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